(versión corregida)
Malestar
La cocina contagiaba silencio y mortedumbre a todos los rincones de la casa, ella deambulaba por su mente perdida e inmóvil frente a la pava que comenzaba a humear cada vez con más fuerza. Así estuvo, rígida y en un estado de ensueño hasta que el silbido del agua la obligó a volver de sus pensamientos. Cerró el gas y mientras terminaba de preparar el mate, encontró los 9 de Oro agridulces que creía terminados. Se sonrió por su hallazgo, miró la hora y refunfuñando buscó los apuntes de la facultad en el bolso que estaba sobre la mesa.
No sabía si era el día, o su estado anímico pero se notaba pesada, totalmente abúlica a todo lo que la rodeaba y debía hacer. Quería terminar con todo pero no podía empezar nada. Se sentía como envuelta en una nube oscura donde todo se percibía vago, indefinido... como... lejano. Al cebar el primer mate, el fuerte sabor amargo mezclado con el agua y el sentir el polvillo en su boca, le resultó nauseabundo; hasta le provocó una pequeña arcada. “El próximo será mejor” dijo, volviendo a guardar los biscochitos y se dispuso a pasar el agua al termo. Sabía que la culpa de su creciente acidez y nauseas no la tenía el mate; tal vez si lo tomara dulce sí podría culparlo, pero ella no lo endulzaba. “El mate es amargo, sino no es mate” decía cada vez que alguien le preguntaba si podía agregarle azúcar. Hacía días que sentía como una gran bola en su estómago. No podía comer ni tomar nada sin sentir algunas náuseas. Era una sensación rara, un malestar constante. Como si su cuerpo quisiera liberarse de algo. Bien sabía que no era un embarazo, ni que tampoco eran los parciales o los problemas del trabajo; pero por algún motivo que desconocía, o no quería reconocer, suspiraba melancólica y fastidiosa al mismo tiempo. Por momentos podía encontrarse como perdida, sin poder prestar atención a lo que le decían - Últimamente cada conversación que entablaba, le resultaba insoportable: muchas palabras, poca atención y su mente vagando por un mundo muy lejano de toda realidad posible... y siempre la hacían volver, como de un hondazo, al tedioso papel que debía actuar día a día. La machacaban una y otra vez, repitiéndole las preguntas como si con su “¿..Eh?” de respuesta no les demostrara lo poco que le importaban ya las cosas.
Como el calor encerrado en la cocina le resultaba intolerable, decidió que lo mejor sería ir al balcón porque ahí, al menos, corría un poco de aire. “Tendría que haber traído una silla” murmuró, pero no tenía ganas de volver a entrar. Ya entre restos de malvones y geranios fue empujando un par de macetas hasta hacerse lugar para sentarse en el suelo. Acomodó el mate al costado de sus piernas y se quedó mirando las plantas, que a falta de agua lucían bastante achicharradas, “Pobres plantas, tendría que regarlas", pensó, para musitar la sentencia:"Más tarde lo hago” dijo, mientras se sentaba en el piso e iba perdiendo su mirada en la gente que caminaba por la calle.
Así permaneció por varios minutos, sentada en silencio, mirando hacia ningún lado. Cada tanto una brisa hacía bailar algunos mechones de pelo, que aburridos de golpetear contra su cara, quedaban reposando sobre su rostro, como derrotados. Con el cuerpo vencido sobre el piso, emtumecida en una expresión nostálgica y la mirada perdida en el tráfico suspiró. Sin darse cuenta dejó escapar a través de sus labios, no sólo la exhalación de aire... sino que una cadena de gorgoteos rompió el silencio transformándose en voz y en un nombre... Razón y sentido de todos los síntomas de su angustia... Sin piedad y sin disfraces se pronunció lo que su boca tanto callaba... su nombre.
Reaccionó de golpe. ¡Su propia voz la había traicionado! En un momento de descuido, donde había distraído sus propios escudos, ése nombre había sido desenmascarado. En un segundo, y en unas pocas letras, todas sus angustias habían sido reveladas de manera clara y evidente. No tenía excusas ni forma de negarlo... de callarlo, de ocultarlo... ya se había dicho, y muy claramente ella lo había oído.
Bajó la mirada frunciendo su seño... Trató de olvidar lo que su voz había empezado a moldear, pero ya no podía... Otra vez él se hacía presente... Todo él se expandía en el aire tomando una y otra forma, esparciéndose en el ambiente... Para tratar de ignorarlo, ella intentó comenzar a leer sus cuadernos, pero podía sentír cómo la piel de su espalda se erizaba desde su cintura recorriendo su columna vertebral y sus hombros hasta hacerle sentir un escalofrío en su nuca... Toda su piel se estremecía recordando aquellos dedos, aquellos labios y aquella lengua que parecían volver a rozarla... Una descarga eléctrica la obligó a cerrar los ojos... Para no dejarse arrastrar por el pasado trató de recordar la imagen de su profesor avisando que no habría prórroga para la entrega del trabajo. Debía leer... Debía pensar en lo que tenía sobre la falda, no en recuerdos... Pero era en vano, dentro de su cabeza comenzaban a resonar todas las palabras que se habían dicho, su imagen, los guiños, los abrazos, las carcajadas en la pileta, el agua fría... su cuerpo tratando de contagiarle el calor... verlo cocinar... las sonrisas, su voz... la noche en la que se conocieron... y las palabras al despedirse...
Mosqueó su nariz tratando de concentrarse en la lectura...
Malestar
La cocina contagiaba silencio y mortedumbre a todos los rincones de la casa, ella deambulaba por su mente perdida e inmóvil frente a la pava que comenzaba a humear cada vez con más fuerza. Así estuvo, rígida y en un estado de ensueño hasta que el silbido del agua la obligó a volver de sus pensamientos. Cerró el gas y mientras terminaba de preparar el mate, encontró los 9 de Oro agridulces que creía terminados. Se sonrió por su hallazgo, miró la hora y refunfuñando buscó los apuntes de la facultad en el bolso que estaba sobre la mesa.
No sabía si era el día, o su estado anímico pero se notaba pesada, totalmente abúlica a todo lo que la rodeaba y debía hacer. Quería terminar con todo pero no podía empezar nada. Se sentía como envuelta en una nube oscura donde todo se percibía vago, indefinido... como... lejano. Al cebar el primer mate, el fuerte sabor amargo mezclado con el agua y el sentir el polvillo en su boca, le resultó nauseabundo; hasta le provocó una pequeña arcada. “El próximo será mejor” dijo, volviendo a guardar los biscochitos y se dispuso a pasar el agua al termo. Sabía que la culpa de su creciente acidez y nauseas no la tenía el mate; tal vez si lo tomara dulce sí podría culparlo, pero ella no lo endulzaba. “El mate es amargo, sino no es mate” decía cada vez que alguien le preguntaba si podía agregarle azúcar. Hacía días que sentía como una gran bola en su estómago. No podía comer ni tomar nada sin sentir algunas náuseas. Era una sensación rara, un malestar constante. Como si su cuerpo quisiera liberarse de algo. Bien sabía que no era un embarazo, ni que tampoco eran los parciales o los problemas del trabajo; pero por algún motivo que desconocía, o no quería reconocer, suspiraba melancólica y fastidiosa al mismo tiempo. Por momentos podía encontrarse como perdida, sin poder prestar atención a lo que le decían - Últimamente cada conversación que entablaba, le resultaba insoportable: muchas palabras, poca atención y su mente vagando por un mundo muy lejano de toda realidad posible... y siempre la hacían volver, como de un hondazo, al tedioso papel que debía actuar día a día. La machacaban una y otra vez, repitiéndole las preguntas como si con su “¿..Eh?” de respuesta no les demostrara lo poco que le importaban ya las cosas.
Como el calor encerrado en la cocina le resultaba intolerable, decidió que lo mejor sería ir al balcón porque ahí, al menos, corría un poco de aire. “Tendría que haber traído una silla” murmuró, pero no tenía ganas de volver a entrar. Ya entre restos de malvones y geranios fue empujando un par de macetas hasta hacerse lugar para sentarse en el suelo. Acomodó el mate al costado de sus piernas y se quedó mirando las plantas, que a falta de agua lucían bastante achicharradas, “Pobres plantas, tendría que regarlas", pensó, para musitar la sentencia:"Más tarde lo hago” dijo, mientras se sentaba en el piso e iba perdiendo su mirada en la gente que caminaba por la calle.
Así permaneció por varios minutos, sentada en silencio, mirando hacia ningún lado. Cada tanto una brisa hacía bailar algunos mechones de pelo, que aburridos de golpetear contra su cara, quedaban reposando sobre su rostro, como derrotados. Con el cuerpo vencido sobre el piso, emtumecida en una expresión nostálgica y la mirada perdida en el tráfico suspiró. Sin darse cuenta dejó escapar a través de sus labios, no sólo la exhalación de aire... sino que una cadena de gorgoteos rompió el silencio transformándose en voz y en un nombre... Razón y sentido de todos los síntomas de su angustia... Sin piedad y sin disfraces se pronunció lo que su boca tanto callaba... su nombre.
Reaccionó de golpe. ¡Su propia voz la había traicionado! En un momento de descuido, donde había distraído sus propios escudos, ése nombre había sido desenmascarado. En un segundo, y en unas pocas letras, todas sus angustias habían sido reveladas de manera clara y evidente. No tenía excusas ni forma de negarlo... de callarlo, de ocultarlo... ya se había dicho, y muy claramente ella lo había oído.
Bajó la mirada frunciendo su seño... Trató de olvidar lo que su voz había empezado a moldear, pero ya no podía... Otra vez él se hacía presente... Todo él se expandía en el aire tomando una y otra forma, esparciéndose en el ambiente... Para tratar de ignorarlo, ella intentó comenzar a leer sus cuadernos, pero podía sentír cómo la piel de su espalda se erizaba desde su cintura recorriendo su columna vertebral y sus hombros hasta hacerle sentir un escalofrío en su nuca... Toda su piel se estremecía recordando aquellos dedos, aquellos labios y aquella lengua que parecían volver a rozarla... Una descarga eléctrica la obligó a cerrar los ojos... Para no dejarse arrastrar por el pasado trató de recordar la imagen de su profesor avisando que no habría prórroga para la entrega del trabajo. Debía leer... Debía pensar en lo que tenía sobre la falda, no en recuerdos... Pero era en vano, dentro de su cabeza comenzaban a resonar todas las palabras que se habían dicho, su imagen, los guiños, los abrazos, las carcajadas en la pileta, el agua fría... su cuerpo tratando de contagiarle el calor... verlo cocinar... las sonrisas, su voz... la noche en la que se conocieron... y las palabras al despedirse...
Mosqueó su nariz tratando de concentrarse en la lectura...
“El primer problema podría desglosarse con las siguientes preguntas: ¿Qué hecho fue el desencadenante del cambio vivido en los...”
y volvía el recuerdo de la noche en la que cruzando la Av. de Mayo quiso volverse sobres sus pasos simplemente al verlo parado en la esquina, unos metros más adelante... En ése mismo momento supo que no podría olvidarlo fácilmente... aunque sólo pasaran ésa noche juntos.
Sacudía la cabeza para volver al cuaderno, pero su vista se nublaba imposibilitándole encontrar lo último que había leído... ¡Esos ojos!... El recuerdo de esos ojos y de su mirada se interponían entre ella y la hoja escrita. ¡Si eran tan hermosos! Aquella misma noche había descubierto el peligro de mirarlos demasiado y de igual forma se dejó embriagar por ellos... Eran la fórmula perfecta entre caballerosidad y vileza... eran la noche y el día al mismo tiempo. Ellos brillaban irradiando luz e invitando a zambullirse en un enigmático y fascinante mundo nuevo. Los sabía encantamiento y se dejó hechizar...
Sacudía la cabeza para volver al cuaderno, pero su vista se nublaba imposibilitándole encontrar lo último que había leído... ¡Esos ojos!... El recuerdo de esos ojos y de su mirada se interponían entre ella y la hoja escrita. ¡Si eran tan hermosos! Aquella misma noche había descubierto el peligro de mirarlos demasiado y de igual forma se dejó embriagar por ellos... Eran la fórmula perfecta entre caballerosidad y vileza... eran la noche y el día al mismo tiempo. Ellos brillaban irradiando luz e invitando a zambullirse en un enigmático y fascinante mundo nuevo. Los sabía encantamiento y se dejó hechizar...
“¡Basta!” – Dijo, casi gritando y enojada consigo misma. Preparó otro mate como si se tratara un amuleto que pudiera alejar sus pensamientos, con fuerza sorbió el agua y lo apoyó en el piso, acomodando, nuevamente y casi violentamente, las hojas que tenía sobre sus piernas... Trató de encontrar, otra vez, la última oración que había leído... Suspiró molesta, con bruscos movimientos se rascó la nariz, se acomodó los anteojos y el pelo -que había comenzado a enredarse por culpa del viento. Suspiró de nuevo... pero esta vez ya sin defensas... "Él no tenía este problema. Su pelo era...” y se quedó sin aire para terminar la frase...
En el suspiro se mezclaban la resignación y el dolor con el inútil intento de frenar todos los recuerdos que se abalanzaban a su cabeza. Resignación al tener que reconocer que él ya no la recordaba. Dolor al saber que ella...
En el suspiro se mezclaban la resignación y el dolor con el inútil intento de frenar todos los recuerdos que se abalanzaban a su cabeza. Resignación al tener que reconocer que él ya no la recordaba. Dolor al saber que ella...
"No importa" –dijo, interrumpiendo el hilo de sus pensamientos- "No... ya no". Sabía que ya no importaba, ahora todo sería inútil, tarde y sin sentido. Intentó pronunciar alguna palabra, pero una quemazón en su garganta no la dejaba.
"Basta... por favor", balbuceó mientras ponía sus manos sobre los labios y cerraba sus ojos.
Escuchó un pequeño golpe sobre el cuaderno que se balanceaba en sus piernas “No más...” suplicaba, “No más...”, esperó, aún con los ojos cerrados intentando cegar sus recuerdos, creía ir serenándose. Esperó unos instantes, respiró profundamente y volvió a abrirlos buscando, en lo que debía leer, la puerta de salida de su mente... pero se encontró frente a lo que había estado ocultando
desde hacía rato... Allí, interrumpiendo la oración, una mancha salpicada se iba adueñando de la hoja. Un brillo que dibujando una senda hacia el pie de la página arrastraba tinta y desdibujaba todas las significaciones que intentaba creer. Sólo dejaba frases inconclusas, ideas vagas y premisas desvanecidas...
En la hoja todo se hacía cada vez más confuso... Pero en el silencio quebrado, su mente se liberaba de la angustia y de todas las sensaciones que la aturdían día a día... Todo el malestar que sentía por esconder un nombre proscrito. Cada bautizo de su alma que recibía el escrito hacía que en su mente todo fuera más lúcido. Pero todo era tan dolorosamente claro y negro, como sus ojos.. Se habían renunciado...
desde hacía rato... Allí, interrumpiendo la oración, una mancha salpicada se iba adueñando de la hoja. Un brillo que dibujando una senda hacia el pie de la página arrastraba tinta y desdibujaba todas las significaciones que intentaba creer. Sólo dejaba frases inconclusas, ideas vagas y premisas desvanecidas...En la hoja todo se hacía cada vez más confuso... Pero en el silencio quebrado, su mente se liberaba de la angustia y de todas las sensaciones que la aturdían día a día... Todo el malestar que sentía por esconder un nombre proscrito. Cada bautizo de su alma que recibía el escrito hacía que en su mente todo fuera más lúcido. Pero todo era tan dolorosamente claro y negro, como sus ojos.. Se habían renunciado...
y ahora sólo debía dejar que el olvido haga polvo las promesas rotas para así poder volver decir con todas sus fuerzas que ya no creía en el amor.
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