¿Qué es lo que uno va encontrar al enfrentarse a un espejo? Parece una pregunta de respuesta obvia... pero no lo es tan así… Sí, en realidad, uno “pretende” encontrarse a sí mismo, obtener lo que habitualmente se llama “el reflejo de uno”, “nuestra propia imagen” y una sarta de frases armadas sobre el ideal reflejado. Uno, erróneamente, cree que con sólo asomarse a ese cristal plateado será suficiente para que nos veamos tal cual somos… Pero nada es tan fácil, ni depende de nosotros… ¿A caso quien torturaba a la madrastra de Cenicienta?... (¿Quién era ese espejo para decidir sobre los parámetros de la belleza?)
Es decir, no depende ni del tamaño, ni de la distancia que exista entre uno y el espejo… porque dependemos del capricho y del humor con el que haya amanecido ese diabólico artefacto que nos da “nuestro” reflejo… ¡Hay que armarse de valor para encontrarse cara a cara con alguno de ellos! Sin olvidar que hay que estar dispuestos a regatear las críticas. Suelen ser muy crueles y disfrutan siéndolo. Por ejemplo, si se tiene un pequeño granito en la cara, lo harán notar como la peor mutación del acné.
Para poder enfrentar al mundo, al real, el tridimensional, primero tiene que haber podido ganarle al espejo. Si quiere salir victorioso de esta empresa, preste atención a los siguientes consejos:
Cuando se levanta a la mañana y se dirija al baño, lo primero que debe hacer es lavarse el rostro, o sen su defecto, abra sus ojos y ciérrelos repetidamente, exagerando los gestos. Esto es para borrar cualquier indicio de que aún está dormido (y desprevenido) no es una tontera sinsentido. Piense que recién ahí va a poder encender la luz para reconocerse en la imagen que quiere asemejarse a usted.
Según como el espejo lo reciba, usted podrá afeitarse, pintarse, peinarse, posar diferentes poses comparando su atuendo con el de los grandes modistos europeos o simplemente “autoevaluarse”. ¡Pero nunca se confíe demasiado!... ¿Cuántas veces ha visto en la calle hombres que parecen recién llegados de la Tercer Guerra Mundial, cuando sólo se han afeitado?... ¿O mujeres intentado ser provocativas con cirquenses sonrisas y ojos mal delineados?... ¿O bien, gente haciendo un deplorable espectáculo haciendo alarde de combinaciones de ropa, color y géneros que ni Piñón Fijo usaría?...
Para evitar estos papelones callejeros que no harán más que transformarlo en un paria de la sociedad, siempre cuide que el ambiente en donde está colocado el espejo sea cálido, ordenado y luminoso. El espejo debe sentirse cómodo y jamás olvide que al pasar frente al él, usted debe detenerse unos segundos y sonreírle agradecido por la imagen nuestra de cada día; sino, se sentirá sumamente ofendido… y usted no quiere que eso pase. Tampoco debe dejar frente a un espejo ropa tirada, toallas mojadas (en el caso de los espejos de baño, por ejemplo) o cualquier tipo de desorden, ya que el espejo, enfurecido, hará que otros lo vean a usted de una manera muy calamitosa, tal cual el desorden al cual usted lo haya obligado a presenciar.
Otro consejo: Enfréntelo con la mayor autoestima posible. Nada más autodestructivo que contemplarse frente a él una tarde gris, lluviosa, melancólica o depresiva… Jamás vaya a una tienda sintiéndose en desacuerdo con su cuerpo, o con alguna parte de él… Si el espejo nota alguna señal de vulnerabilidad, se aferrará a sus “defectos” y buscará (hasta alcanzarlo) hacerlo sentir como una obra surrealista de Dalí hasta dejarlo con la misma expresión que Skrik (El grito) de Munch: Desafíelo sabiendo que no hay nadie más espléndido que usted.
Jamás olvide estos consejos, sígalos al pie de la letra, aunque le parezcan exagerados… Si alguna vez empieza a notar que ha dejado de salir a la calle o de verse con amigos, familiares, vecinos y/o conocidos y lo único que hace con su vida es contemplarse y lamentarse frente a un espejo, y si además siente que no hay forma de mejorar su imagen, seguramente es porque usted se encuentra enemistado con su espejo.
El problema es que en esta enemistad, no hay vuelta atrás… Gana usted o él. Si usted pierde, un día cualquiera de contemplación autoflagelante, recuerde que sólo verá sus “defectos”, atravesará el vidrio convirtiéndose en una pequeña mancha en el espejo. Dése cuenta que a mayor edad del mismo, más manchas tiene, esto es simplemente porque con el tiempo se vuelven más fuerte en su consumo de seres y son guerreros que luchan hasta las últimas consecuencias.
Si usted quiere ganar, haga lo siguiente: moje el espejo con una solución formada por medio litro de agua, dos gotas de jugo de limón, dos cucharadas de agua de lluvia, una taza de alcohol, medio vaso de agua oxigenada y déjelo reposar una hora. Pasado el tiempo, vierta la solución en un balde con cinco litros de agua bendita, mezcle con una cuchara de madera y una vez que todo sea ha unido, derrame el líquido sobre el espejo al grito de : “Espejo expedito espantoso despeja del cielo tu enojo, despeja mi espejo de ojos, libertinaje de mis espantoso despojo”.. contenga el aliento y patéelo hasta romperlo. En caso de que su enemigo se un pequeño espejo de cartera o bolsillo (no por eso menos peligroso) estréllelo contra el piso. No le tenga miedo a la maldición de los siete años, pues esa es una mentira que inventaron ellos, los espejos, para evitar ser masacrados debido a sus bromas y caprichos. No se olvide que al romper los espejos libera a aquellas almas que fueron vencidas por estos.
Es decir, no depende ni del tamaño, ni de la distancia que exista entre uno y el espejo… porque dependemos del capricho y del humor con el que haya amanecido ese diabólico artefacto que nos da “nuestro” reflejo… ¡Hay que armarse de valor para encontrarse cara a cara con alguno de ellos! Sin olvidar que hay que estar dispuestos a regatear las críticas. Suelen ser muy crueles y disfrutan siéndolo. Por ejemplo, si se tiene un pequeño granito en la cara, lo harán notar como la peor mutación del acné.
Para poder enfrentar al mundo, al real, el tridimensional, primero tiene que haber podido ganarle al espejo. Si quiere salir victorioso de esta empresa, preste atención a los siguientes consejos:
Cuando se levanta a la mañana y se dirija al baño, lo primero que debe hacer es lavarse el rostro, o sen su defecto, abra sus ojos y ciérrelos repetidamente, exagerando los gestos. Esto es para borrar cualquier indicio de que aún está dormido (y desprevenido) no es una tontera sinsentido. Piense que recién ahí va a poder encender la luz para reconocerse en la imagen que quiere asemejarse a usted.
Según como el espejo lo reciba, usted podrá afeitarse, pintarse, peinarse, posar diferentes poses comparando su atuendo con el de los grandes modistos europeos o simplemente “autoevaluarse”. ¡Pero nunca se confíe demasiado!... ¿Cuántas veces ha visto en la calle hombres que parecen recién llegados de la Tercer Guerra Mundial, cuando sólo se han afeitado?... ¿O mujeres intentado ser provocativas con cirquenses sonrisas y ojos mal delineados?... ¿O bien, gente haciendo un deplorable espectáculo haciendo alarde de combinaciones de ropa, color y géneros que ni Piñón Fijo usaría?...
Para evitar estos papelones callejeros que no harán más que transformarlo en un paria de la sociedad, siempre cuide que el ambiente en donde está colocado el espejo sea cálido, ordenado y luminoso. El espejo debe sentirse cómodo y jamás olvide que al pasar frente al él, usted debe detenerse unos segundos y sonreírle agradecido por la imagen nuestra de cada día; sino, se sentirá sumamente ofendido… y usted no quiere que eso pase. Tampoco debe dejar frente a un espejo ropa tirada, toallas mojadas (en el caso de los espejos de baño, por ejemplo) o cualquier tipo de desorden, ya que el espejo, enfurecido, hará que otros lo vean a usted de una manera muy calamitosa, tal cual el desorden al cual usted lo haya obligado a presenciar.
Otro consejo: Enfréntelo con la mayor autoestima posible. Nada más autodestructivo que contemplarse frente a él una tarde gris, lluviosa, melancólica o depresiva… Jamás vaya a una tienda sintiéndose en desacuerdo con su cuerpo, o con alguna parte de él… Si el espejo nota alguna señal de vulnerabilidad, se aferrará a sus “defectos” y buscará (hasta alcanzarlo) hacerlo sentir como una obra surrealista de Dalí hasta dejarlo con la misma expresión que Skrik (El grito) de Munch: Desafíelo sabiendo que no hay nadie más espléndido que usted.
Jamás olvide estos consejos, sígalos al pie de la letra, aunque le parezcan exagerados… Si alguna vez empieza a notar que ha dejado de salir a la calle o de verse con amigos, familiares, vecinos y/o conocidos y lo único que hace con su vida es contemplarse y lamentarse frente a un espejo, y si además siente que no hay forma de mejorar su imagen, seguramente es porque usted se encuentra enemistado con su espejo.
El problema es que en esta enemistad, no hay vuelta atrás… Gana usted o él. Si usted pierde, un día cualquiera de contemplación autoflagelante, recuerde que sólo verá sus “defectos”, atravesará el vidrio convirtiéndose en una pequeña mancha en el espejo. Dése cuenta que a mayor edad del mismo, más manchas tiene, esto es simplemente porque con el tiempo se vuelven más fuerte en su consumo de seres y son guerreros que luchan hasta las últimas consecuencias.
Si usted quiere ganar, haga lo siguiente: moje el espejo con una solución formada por medio litro de agua, dos gotas de jugo de limón, dos cucharadas de agua de lluvia, una taza de alcohol, medio vaso de agua oxigenada y déjelo reposar una hora. Pasado el tiempo, vierta la solución en un balde con cinco litros de agua bendita, mezcle con una cuchara de madera y una vez que todo sea ha unido, derrame el líquido sobre el espejo al grito de : “Espejo expedito espantoso despeja del cielo tu enojo, despeja mi espejo de ojos, libertinaje de mis espantoso despojo”.. contenga el aliento y patéelo hasta romperlo. En caso de que su enemigo se un pequeño espejo de cartera o bolsillo (no por eso menos peligroso) estréllelo contra el piso. No le tenga miedo a la maldición de los siete años, pues esa es una mentira que inventaron ellos, los espejos, para evitar ser masacrados debido a sus bromas y caprichos. No se olvide que al romper los espejos libera a aquellas almas que fueron vencidas por estos.







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