.....Se sobresaltó ante la vibración el teléfono celular en su bolsillo. Segundos después comenzó la odiosa melodía monofónica que anunciaba que había recibido un mensaje de correo: “Sí, 5to piso”. No sabía porqué, pero mientras bajaba del subte recordaba la voz de su nana diciéndole que uno podía llegar a creer que se podemos planificar toda la vida y convencernos de que así será; pero que en realidad, basta sólo un instante para que todo se de vuelta, para que todo cambie de sentido y contenido… ·"Es como en el juego de la taba" -le decía -"donde uno tiene el culo o la suerte, dependiendo de nada más que el azar"… y agregaba que como decía el marido, un hombre adentrado en años y en campo, “ni el brazo más diestro puede asegurarse el pinino”. Miró la hora y pensó “¿Y si se volvía a su casa?.... Siempre habría tiempo para inventar una excusa”.
.....Tal vez recordaba esas palabras, porque aún seguía sin decidirse si se entregaría al Destino o continuaría creyendo que la Vida es la que se hace día a día… No le gustaba la idea del Destino Único, supremo, definitivo, escrito… Porque si esto era cierto… ¿Para qué seguir respirando? Y mientras pensaba en lo previsible y aburrido de lo Escrito, se reía mirando a un hombre que se persignaba antes de entrar a una casa de loterías... Bien sabía que hay decisiones que cambian el rumbo de la vida y que muchas veces, las “grandes” decisiones se disfrazan de simples votos de confianza… De hecho, pensaba mientras esperaba que el semáforo le permitiera cruzar la avenida, una “gran decisión” no puede no ser otra cosa que el resultado de un conjunto de “pequeñas” elecciones. Quiso ponerse a dilucidar sobre el azar, el destino, la casualidad y la causalidad… pero estaba a pocos metros de destino… y esbozó otra sonrisa… “a metros de destino”… otra vez ésa palabra…
.....Metió la mano en su bolsillo, no ya para agarrar su celular sino para buscar sus cigarrillos. ¿Dónde estaría el quiosco más cercano?... Se había olvidado el encendedor y su paquete de Lucky estaba casi vacío (¿También estaría casi vacía su suerte?... Si tuviera que lanzar la taba… ¿de qué lado caería?... ¿Realmente le importaba saberlo?...) Además, recién faltaban unos minutos para las 5… Iría hasta el quiosco y volvería. Después de tanto razonamiento azaroso, no quería quedarse sin suerte.
.....Buscó la altura que le habían indicado… El edificio se acomodaba en la vereda de enfrente y desde donde estaba intentó encontrar la ventana desde la cual estaría mirando en unos minutos… Realmente no tenía idea de cuál podía ser… Suspiró, tomando la decisión de cruzar la calle y avisar por mensaje de texto “Estoy subiendo”… Se rió del adolescente nerviosismo que rozó cada uno de las vértebras de su columna, haciéndole cosquillas detrás de las orejas. Habían quedado en un café… ¿qué podía tener eso de “peligroso” para generarle esos hormigueos?... Ya desde el ascensor escuchaba el retumbar de los pasos que se perdían en los largos corredores silenciosos y extrañamente vacíos de gente. Más tarde los describiría como “luminosos… pero al mismo tiempo lúgubres”. El elevador se detuvo en el 5to piso. Tomando impulso atravesó el pasillo que retumbaba siguiendo sus pasos. Se detuvo ante la puerta, miró el cartel que indicaba qué oficina era, se paró frente a ella, de un vistazo recorrió todo el marco de la puerta, el recorrido que había hecho, la decoración de las paredes, fijó su mirada en la mirilla y golpeó.
.....Casi había perdido la cuenta de cuánto tiempo había pasado de los hechos que sucedieron a aquellos pasos. Se sonrió aceptando las ráfagas de recuerdos de aquella tarde de cigarrillos, café y lecturas nerviosas, todo, mientras acompañaba las carcajadas de quien peleaba y se mimaba con su mascota...
.....Tal vez recordaba esas palabras, porque aún seguía sin decidirse si se entregaría al Destino o continuaría creyendo que la Vida es la que se hace día a día… No le gustaba la idea del Destino Único, supremo, definitivo, escrito… Porque si esto era cierto… ¿Para qué seguir respirando? Y mientras pensaba en lo previsible y aburrido de lo Escrito, se reía mirando a un hombre que se persignaba antes de entrar a una casa de loterías... Bien sabía que hay decisiones que cambian el rumbo de la vida y que muchas veces, las “grandes” decisiones se disfrazan de simples votos de confianza… De hecho, pensaba mientras esperaba que el semáforo le permitiera cruzar la avenida, una “gran decisión” no puede no ser otra cosa que el resultado de un conjunto de “pequeñas” elecciones. Quiso ponerse a dilucidar sobre el azar, el destino, la casualidad y la causalidad… pero estaba a pocos metros de destino… y esbozó otra sonrisa… “a metros de destino”… otra vez ésa palabra…
.....Metió la mano en su bolsillo, no ya para agarrar su celular sino para buscar sus cigarrillos. ¿Dónde estaría el quiosco más cercano?... Se había olvidado el encendedor y su paquete de Lucky estaba casi vacío (¿También estaría casi vacía su suerte?... Si tuviera que lanzar la taba… ¿de qué lado caería?... ¿Realmente le importaba saberlo?...) Además, recién faltaban unos minutos para las 5… Iría hasta el quiosco y volvería. Después de tanto razonamiento azaroso, no quería quedarse sin suerte.
.....Buscó la altura que le habían indicado… El edificio se acomodaba en la vereda de enfrente y desde donde estaba intentó encontrar la ventana desde la cual estaría mirando en unos minutos… Realmente no tenía idea de cuál podía ser… Suspiró, tomando la decisión de cruzar la calle y avisar por mensaje de texto “Estoy subiendo”… Se rió del adolescente nerviosismo que rozó cada uno de las vértebras de su columna, haciéndole cosquillas detrás de las orejas. Habían quedado en un café… ¿qué podía tener eso de “peligroso” para generarle esos hormigueos?... Ya desde el ascensor escuchaba el retumbar de los pasos que se perdían en los largos corredores silenciosos y extrañamente vacíos de gente. Más tarde los describiría como “luminosos… pero al mismo tiempo lúgubres”. El elevador se detuvo en el 5to piso. Tomando impulso atravesó el pasillo que retumbaba siguiendo sus pasos. Se detuvo ante la puerta, miró el cartel que indicaba qué oficina era, se paró frente a ella, de un vistazo recorrió todo el marco de la puerta, el recorrido que había hecho, la decoración de las paredes, fijó su mirada en la mirilla y golpeó.

.....Casi había perdido la cuenta de cuánto tiempo había pasado de los hechos que sucedieron a aquellos pasos. Se sonrió aceptando las ráfagas de recuerdos de aquella tarde de cigarrillos, café y lecturas nerviosas, todo, mientras acompañaba las carcajadas de quien peleaba y se mimaba con su mascota...
...







3 Insomnes que dejaron sus palabras:
¿Que podría decir...?
Si ambos lo escribimos cada día...
Podría el lector enojarse por tanto misterio, pero no podría yo, puesto que lo vivo.
Confieso la total ausencia de palabras en este momento. Como antes te he dicho, necesito algún tiempo para poder esgrimir algún tipo de adición a tus palabras.
Greco.
Tu blog fue permiado al esfuerzo personal, ver artículo en Los Muertevideanos, un abrazo
Greco, día a día me sonrío recordando aquella tarde... ¿qué más puedo decir más que "gracias"?...
y Darío, muchas gracias por el reconocimiento... :)
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