.....Hoy volvemos a visitarlo, igual que todos los lunes, miércoles y viernes (los días que mamá no tenía gimnasio, ni taller de cerámica). Lo único que me asusta es que con el tiempo mi tía convirtió la habitación en su cuarto; como si nunca fuera a volver a su dormitorio.
.....Parece mentira, hace seis meses me angustiaba verlo así, hoy sólo lo veo durmiendo. Ahora puedo tomarle la mano y hablarle de cuando jugábamos a la mancha en el jardín de su casa. A veces, cierro los ojos (y sin soltarlo) le hago un montón de preguntas y veo como me vuelve a mirar con sus ojos negros respondiendo a todas mis demandas, acusaciones... y puedo imaginarlo sonriendo iluminado por el sol mientras hace chistes sobre el accidente.
.....Francisco, mi tío, antes que termine la hora de visita, siempre me dice que si le suelto la mano a Tomás me invita a tomar un chocolate en la confitería de planta baja. A veces acepto, otras veces tienen que arrancarme de mi primo. A decir verdad, lo extraño. Extraño los domingos cuando con mamá íbamos hasta Pilar, donde después del asado nos colgábamos con Tomás del nogal y le tirábamos nueces a Roque, el perro de Don Julio.
.....La habitación no es muy grande, esta pintada de un color amarillo muy claro, tiene una gran ventana que da a un jardín lleno de arbustos, gatos y palomas. Nuestro jardín tenía un nogal, muchas flores y en él danzaban coloridos colibríes.
.....Al principio, en la habitación sólo había un pequeño sillón de caño con dos desplumados almohadones y la cama, que era muy alta (para poder sentarme en ella, primero debía escalar una silla o hacer pucheros para que los brazos de mi tío me elevaran hasta poder acomodarme entre las sábanas y las piernas de Tomás y así poder contemplarlo). En la pared, sobre la cabecera de la cama, había un crucifijo desvencijado desde donde Jesús parecía mirar con piedad a todos los que rodeábamos la cama que descansaba plácidamente. En una de las esquinas se asomaba una lámpara con un vidrio opaco, por los años o por la mugre, que daba una amarillenta y penumbrosa luz mortecina. Muchas veces estuve tentada de apretar alguno de los botones que estaban a la derecha de Tomás, "el rojo es para que venga el médico, el verde para la enfermera", me explicaron. "¿Y esa otra cosa, Qué es tía?"... "Es el suero, por ahí le dan los medicamentos y todo lo que Tomy necesita". Entonces, del lado derecho de la cama estaban los cables, los aparatos que con luces y líneas marcaban los signos vitales de Tomás; del lado izquierdo, había una mesita de luz pintada con un horrible marrón claro, que hacía juego con las cortinas, gruesas como telones, que iban del techo al piso y de pared a pared. ¡Como si fuéramos un espectáculo para aquellas pulguientas criaturas que se enmarañaban del otro lado de la ventana!
.....De éste lado, nosotros nos enmarañábamos unos con otros, y con los muebles que mi tía fue trayendo. Primero dos sillas de mimbre, luego una de madera que sacó de la habitación de enfrente. A los pocos días trajo la mesa rebatible de la casa. ¡Cuántas veces la habíamos llevado a los picnics de Ezeiza! -Aún conserva pequeñas manchas de grasa y vino, huellas de festejos y alegrías. Hoy amontona frascos de Espadol, gasas, cintas adhesivas y antibióticos, que se van mezclando con los libros economía, política, planificación y otros sobre un tal "Ché". Libros que todas las noches mi tía leía en voz alta... "Para que Tomy se sienta acompañado", decía y todos los días traía algo nuevo de su dormitorio. ¡Cómo detestaba que le dijera "Tomy"! ¡Ese es nombre de perro y Tomás era todo un hombre, un príncipe... ¡Mí príncipe!
.....Parece mentira, hace seis meses me angustiaba verlo así, hoy sólo lo veo durmiendo. Ahora puedo tomarle la mano y hablarle de cuando jugábamos a la mancha en el jardín de su casa. A veces, cierro los ojos (y sin soltarlo) le hago un montón de preguntas y veo como me vuelve a mirar con sus ojos negros respondiendo a todas mis demandas, acusaciones... y puedo imaginarlo sonriendo iluminado por el sol mientras hace chistes sobre el accidente.
.....Francisco, mi tío, antes que termine la hora de visita, siempre me dice que si le suelto la mano a Tomás me invita a tomar un chocolate en la confitería de planta baja. A veces acepto, otras veces tienen que arrancarme de mi primo. A decir verdad, lo extraño. Extraño los domingos cuando con mamá íbamos hasta Pilar, donde después del asado nos colgábamos con Tomás del nogal y le tirábamos nueces a Roque, el perro de Don Julio.
.....La habitación no es muy grande, esta pintada de un color amarillo muy claro, tiene una gran ventana que da a un jardín lleno de arbustos, gatos y palomas. Nuestro jardín tenía un nogal, muchas flores y en él danzaban coloridos colibríes.
.....Al principio, en la habitación sólo había un pequeño sillón de caño con dos desplumados almohadones y la cama, que era muy alta (para poder sentarme en ella, primero debía escalar una silla o hacer pucheros para que los brazos de mi tío me elevaran hasta poder acomodarme entre las sábanas y las piernas de Tomás y así poder contemplarlo). En la pared, sobre la cabecera de la cama, había un crucifijo desvencijado desde donde Jesús parecía mirar con piedad a todos los que rodeábamos la cama que descansaba plácidamente. En una de las esquinas se asomaba una lámpara con un vidrio opaco, por los años o por la mugre, que daba una amarillenta y penumbrosa luz mortecina. Muchas veces estuve tentada de apretar alguno de los botones que estaban a la derecha de Tomás, "el rojo es para que venga el médico, el verde para la enfermera", me explicaron. "¿Y esa otra cosa, Qué es tía?"... "Es el suero, por ahí le dan los medicamentos y todo lo que Tomy necesita". Entonces, del lado derecho de la cama estaban los cables, los aparatos que con luces y líneas marcaban los signos vitales de Tomás; del lado izquierdo, había una mesita de luz pintada con un horrible marrón claro, que hacía juego con las cortinas, gruesas como telones, que iban del techo al piso y de pared a pared. ¡Como si fuéramos un espectáculo para aquellas pulguientas criaturas que se enmarañaban del otro lado de la ventana!
.....De éste lado, nosotros nos enmarañábamos unos con otros, y con los muebles que mi tía fue trayendo. Primero dos sillas de mimbre, luego una de madera que sacó de la habitación de enfrente. A los pocos días trajo la mesa rebatible de la casa. ¡Cuántas veces la habíamos llevado a los picnics de Ezeiza! -Aún conserva pequeñas manchas de grasa y vino, huellas de festejos y alegrías. Hoy amontona frascos de Espadol, gasas, cintas adhesivas y antibióticos, que se van mezclando con los libros economía, política, planificación y otros sobre un tal "Ché". Libros que todas las noches mi tía leía en voz alta... "Para que Tomy se sienta acompañado", decía y todos los días traía algo nuevo de su dormitorio. ¡Cómo detestaba que le dijera "Tomy"! ¡Ese es nombre de perro y Tomás era todo un hombre, un príncipe... ¡Mí príncipe!
.....Mi tía, un día, comenzó a traer un montón de portarretratos que se fueron acomodando en la mesa rebatible, en la mesita de luz y en todos los huecos en donde pudieran encontrar un punto de apoyo. En algunas fotos se veía a Tomás gateando, en otra estaba en la playa entre dos torres de arena, en otra lucía un guardapolvo blanco, había algunas en donde se lo veía acompañado por abuelos, tíos, por los padres, vecinos, con "los compañeros de aventuras de Bariloche", en otra estaba sentado en una gran escalinata acompañado por "una amiga de la facultad". Pero la que más me gustaba era una en donde él me sostenía en brazos. Estábamos los dos solos, él me abrazaba y nos mirábamos sonrientes, cómplices. No hacía mucho que habían sacado esa foto, fue en mi cumpleaños número doce, yo tenía puesta una corona de cartón que él me había regalado. Para sacarnos la foto él me había rescatado de los pegajosos besos de mi abuela, quien cada vez que venía en sus abrazos recordaba el olor de las peluquerías y siempre me dejaba los cachetes colorados. Como si yo disfrutara de esos momentos de ¿cariño?, en donde me pellizcaba como si fuera una empanada.
.....Había también una silla que sólo la ocupaban las toallas que traía la enfermera y de cuyo respaldo reposaba el camisón verde agua con puntillas amarillas (por los años) de la tía. Además, había que sumarle la constante visita de los médicos, que me hacían soltarle la mano a Thomas privándome de mi único placer durante esas horas; ellos ajustaban el suero o le abrían los ojos a Tomás... Sin olvidar las veces que tuvimos que salir todos para que, vaya a saber yo, las cosas que le harían a mi príncipe... y siempre lo mismo, "No hay novedades, ni se presentan cambios, pero al menos sigue recuperando reflejos"...
.....La última adquisición de la habitación fue el equipo de audio completo, lo que significó algunas discusiones con los médicos y mi tía, los que le hicieron jurar y perjurar que se mantendría apagado o casi imperceptible. Es que el equipo incluía: las seis bandejas que Tomás tanto cuidaba, los parlantes que eran casi tan altos como yo y los ciento treinta y seis compacs. Por supuesto, no me puedo olvidar que la tía trajo los cuadernos en donde Tomás anotaba "sus cosas", sus poemas y sus canciones. Todo se encimaba y ocupaba espacio. Eran torres de recuerdos y de esperanzas. Todas esperanzas vanas.
-Má... (le había dicho con tono suplicante) ¿Podemos ir hoy a ver a Tomás? Sé que hoy se va a despertar... -Ella dudo, miró la hora pensó por unos minutos, volvió a mirar el reloj y me contestó. "Está bien, Mica, hoy vamos. ¿Pero no tenés ninguna tarea del colegio?... ¿Seguro?"...
.....Esas fueron las últimas palabras antes de ir por última vez al hospital.
-Mica, bajá y esperame ahí, que le pago el taxi... ¡Pará Micaela! ¡No corras! –gritó mientras le pagaba al chofer y yo miraba la hora... faltaban pocos minutos para que terminara el horario de visita... Ella no entendía que yo debía apurarme...
.....Llegué corriendo al segundo piso. Estaba segura que Tomás se despertaría... Estaba muy nerviosa, quería ser la primera persona que Tomás viera al despertar. Ni mi tía ni el tío me vieron cuando entré... muy suavemente, a la habitación. Al abrir la puerta no pude terminar de decir el nombre de mi primo... Ella me era familiar... pero no la había visto nunca... ¡Claro, era jueves! Ella estaba tomándole la mano a mí Tomás... le acariciaba el pelo y con sus dedos le rozaba los labios... ¡Ella era la de la foto de las escaleras!... Aún resuenan sus palabras en mis oídos... "Tomy vas a ver que todo va a mejorar y nos vamos a ir a vivir juntos... Si supieras cómo lamento haberte dicho que esperáramos... No te habrías ido enojado y hoy sería todo tan diferente... Mi amor no sabés cuanto te extraño... Te amo tanto..."
.....Debido a la oscuridad de la habitación, el telón estaba cerrado, la muy desgraciada que había causado el accidente no me había visto cuando entré. Ella puso sus manos blancas y huesudas en el rostro de mi Tomás y le murmuró algo en el oído y lo besó. Le dió un beso que duró unos segundos y una lágrima cayó sobre el rostro inmutable de mí Tomás. Ella giró la cabeza y posó sus ojos sobre la foto que compartían. Se apartó de él y secándose las lágrimas saltó de la habitación. Tampoco me había visto.
.....Paso a paso me fui acercando a Tomás, crecía en mi una furia huracanada, me temblaban los brazos y las piernas. En cada paso que daba recordaba sus miradas, sus palabras, su sonrisa iluminada por el sol aquellas tardes en Pilar. Los ladridos de Roque mientras entre carcajadas corríamos para escapar de sus mordidas. Sus brazos al coronarme como “su princesita”. Tomé la foto en donde estaba aquella que recién había huido, de esa que era la culpable de que yo no pudiera estrechar los brazos de Tomás y la metí en mi bolsillo haciéndola un bollo, en la que estábamos nosotros dos las guardé cuidadosamente. Me acerqué a la cama acompañada por una de las sillas de mimbre, puse un pie en ella, me agarré de un pliegue de la sábana y con la otra mano me agarré de la mano de Tomás. Mi corazón latía más rápido del ritmo que marcaba los latidos de mi Tomás. Puse el otro pie en la silla y haciendo fuerza puede sentarme en la cama. Miré el crucifijo, Jesús parecía asustado. Él sabía que aquella no tendría más tiempo con mi Tomás... No, Tomás era mío, y yo era suya. Mi príncipe y su princesa.
Ahí estaba mi Tomás, durmiendo, el beso de ella no había podido despertarlo. Saqué la lágrima que ella le había dejado y la sequé con el moño que forma el cinturón del vestido. Me acerqué a su rostro, lo nombre rey de mi corazón y le aseguré que ella no volvería a hacerlo enojar. No le daría la oportunidad. Le besé la frente, le acomodé el pelo, lo despedí de cada uno de los personajes que aparecían en las fotos. Con una de mis pequeñas y delicadas manos le apreté la nariz suavemente. Noté que comenzaba a respirar por la boca. Tragué una nerviosa bola de saliva que se había formado en mi desesperada boca, cerré los ojos y lo besé...
.....El beso duró lo que debía durar, fue un beso apasionado, de esos que veía en las telenovelas que mi mamá miraba. Como estaba sobre él sentí los temblores que comenzaron a recorrer su cuerpo. Abrí los ojos sin soltarlo y sin dejar de besarlo. Vi como él también los abría, me miró con sus ojos negros y volvía a cerrarlos. Esta vez para siempre. Tomás era mío, nadie me lo robaría. Cuando los médicos abrieron la puerta para abalanzarse sobre Tomás, yo me había tirado debajo de la cama. Nadie me había visto.
-¿Qué te pasó en la rodilla? - Me preguntó unas horas después mi tía, cuando sus lágrimas ya habían dejado de ahogarla, luego de guardar las fotos. No había notado
las ausencias.-Nada tía... por subir corriendo la escalera me tropecé con una chica y me caí. Estuve con las enfermeras, ellas dicen que mi vestido se parece al de Blanca nieves esperando a su príncipe.
-Sí, es cierto mi amor, se parece.- Dijo y acarició me cabeza, me miraba como si yo fuera un pequeño pichón de paloma. Me di cuenta que estaba buscando las palabras para darme una mala noticia.
Fin
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*Cuento Premiado por la Asociación Juveníl de Escritores "Aenigma; De Sensu, Infra Spíritu" (España) en el Certamen Literario Internacional de Poesía, Relato Breve y Teatro Aenigma 2007. Publicándose dicha obra en la edición El Tamaño del Tiempo; de Anroart Ediciones (Islas Canarias – España).







3 Insomnes que dejaron sus palabras:
Terrible, me encantó! me gustan mucho estos relatos, los q te dejan siempre algo!
Saludos muchacha
muchas Gracias Flo.
Sabés que no necesitás invitación para seguir pasando y leyendo...
saludos!
Síntomas:
-Un vacío caliente en el pecho a la altura del esternón.
- Aumento de la densidad en la saliva y dificultad para tragar.
- Globos oculares vagabundos
Diagnostico:
Lector frecuente de cuentos tristes. Afectado por "El beso."
Me gustan tus cuentos, seguiré tu blog, te invito al mio.
http://hacedordeminiaturas.blogspot.com
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