viernes, 27 de noviembre de 2009

Únicos


Cruzaron sus miradas de esquina a esquina, inmediatamente se reconocieron. Él se puso todo colorado, ella le sonrió mordiéndose infantilmente los labios e inmediatamente sus mejillas también se incendiaron. El mundo se deshizo, se perdían en la mirada del otro, en la sonrisa. Sólo ellos y sus miradas... Sólo los separaba el pavimento. Parecía mentira, iban a tocarse… a saberse reales.

Ella levantó su mano en un tímido ademán. Sin pensarlo dos veces él descendió del cordón de la vereda dispuesto a cruzar la avenida, no quería dejarla esperando...

Ninguno de los dos vio el micro que se acercaba velozmente... Tampoco escucharon la bocina y más tarde se supo que el micro tenía problemas en sus frenos.

3 Insomnes que dejaron sus palabras:

Rubén Greco Rótolo dijo...

Recuerdo una gran puerta de madera, muy pesada y sombría. Cuando se abrió descubrí esas sensaciones que relatás, incluso el gran rodado que me embistió, no para dejarme sin vida, sino para regalarme una nueva, una vida con la mas grata compañía. La tuya...

Ale Samsa dijo...

que tarde aquella!... qué tarde hermosa!

Rodrigo E. dijo...

Que buen cuento Ale.
Seguiré leyendo

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