miércoles, 12 de mayo de 2010

12-V-2010

. Hacía tiempo que no la veía... de hecho, hacía exactamente un año… En realidad no pensé que volveríamos a encontrarnos… Igual no me generaba angustia el no volver a abrazarla… Bah… es que en realidad nos veíamos, aunque es un poco más difícil de explicar…

. No la veía, o sentía, rodeándome a los saltos, o sorprendiéndome desde los pliegues del mantel, pero sí podía verla cada vez que desde el espejo aparecía guiñándome un ojo desde una de las manchitas de mi iris derecho... A veces, simplemente ella me sorprendía con su pulgar alzado y su sonrisa de dientes de leche… pero siempre desde su rinconcito en mí.

. Una de las cosas que había aprendido desde su abrazo, era a cerrar los ojos ydejarme sentir el como ella se iba expandiendo en mí y volvíamos a fundirnos la una en la otra… Así desde su escondite a la vista de todos, se iba hinchando suavemente y con una sensación de paz y alegría iba ocupando cada célula del cuerpo unido… Comenzaba acomodándose en el otro ojo… para luego ir envolviendo mis ideas, cercenando por un rato a la lógica y a la razón, e invadiéndolas con la picardía, la inocencia, el asombro… y luego se volcaba en mi torrente sanguíneo y así, transformaba cada una de las partes del cuerpo... Una vez que toda mi alma volvía a sentirse capaz de fascinarse por el recorrido de una pompa de jabón en el aire. Una vez que llegaba a ése punto, volvía a abrir los ojos… siendo capaz de reír a carcajadas cuando esa pompa explotara salpicando mi nariz… o sabiendo bailar al compás de una lluvia de verano, acompañando el vaivén de cada una de las flores de un gran jardín de hiervas, lavandas, pensamientos, alegrías, margaritas, jacarandas, tilos y cítricos…

. Realmente había vivido grandes cambios… y ella desde ese puntito me recordaba el porqué de su visita un tiempo antes... Nos sonreíamos cómplices mientras me maquillaba, o lavaba mis dientes y alguna de las dos quería saber cómo andaba la otra…

. Ahora que lo pienso, la veía mucho más seguido de lo que decía al principio… pero por una cosa o por otra, o tal vez, porque ella estaba cómoda y sentía que había cumplido con su objetivo… ya no me tironeaba del pantalón, sino que de vez en cuando aparecía en el espejo…

. Pero la otra noche, entre tantos preparativos, tantas idas y vueltas, recordé que hacía ya un año ya desde su abrazo, quise recordárselo pero no la encontré en el reflejo… Y si bien, durante la noche en algunos momentos me asaltaron los recuerdos de hacía un año, muy diferente era lo que estaba viviendo, ahora, la noche se presentaba tranquila… alegre… cómoda… feliz… Miraba los rostros que rodeaban la mesa, y disfrutaba que ellos, rostros tan conocidos y queridos, sonrieran junto a mí, los miraba a unos y otros, paseando la mirada entre ellos y las fotos que reían desde los portarretratos de la pared… Mis fotos preferidas estaban allí, miraba cada una de ellas regresando a ésos momentos… Mirando una de ellas volvía el sonido y el aroma del agua del mar, el viento fuerte despeinándonos, el frío de arena en nuestros pies… y muchas carcajadas… la sensación de que la felicidad haría explotar mi pecho… y volvían los abrazos con el hombre que la vida me había presentado para ser junto él.

. En otra volvían las carcajadas de una tarde fresca pero soleada, con ganas de ir a tomar unos mates con los Macana y la mía mamma… aunque luego de recorrer por horas las atestadas calles de la Costanera… acabamos en la placita Martín Fierro… Justo para disfrutar de los últimos rayitos tibios de sol… y las risas que se mezclaban con el agua caliente y los recuerdos de unos años antes en ésa misma plaza.

. ¿Cómo no detenerme en la foto en la que posaban mis viejos en sus vacaciones en el sur?.. Es verdad, yo no estaba en ella, ni tenía recuerdos de ése viaje que no era mío… pero allí estaban ellos, que esa noche también estaban a mi lado, junto con los Macana y mi compañero, y junto con el resto de la familia, en mi casa… ¿Cómo no detenerme en ellos, que si bien, hemos pasado tantas horas de nuestras vidas tratando de entendernos, o llegar a un “acuerdo”, también hemos pasado tantas más riéndonos y aprendiendo? Ojalá sigamos aprendiendo a entendernos, a conocernos… A disfrutar de la vida y las alegrías del otro, y poder abrazarnos cuando lo necesitemos (para reír o llorar… o para que el otro sepa que estamos).

. Así pasaban las horas, entre las risas, los agasajos para los invitados, los recuerdos que volvían y los que se iban generando, cuando llegué también a la foto de la pequeña princesa que nos miraba medio dormida y las sonrisas babosas de los tíos. Era una bebota hermosa entonces, un ángel bebé… y pensar que ahora es una princesita que camina apurada agarrada de mi mano para mostrarme sus juguetes y que me hace derretir cada vez que me estira sus brazos para pedirme que la alce…

. Era una hermosa noche, aunque afuera se sentían los primeros fríos de mayo, el calor hogareño nos abrigaba… Llegó el momento de la torta, de los deseos… y mientras miraba cómo flameaba la llama que ahora iluminaba los rostros, sentí un fuerte abrazo a la altura de mi cintura… de mis ojos empezaba a rebalsar el júbilo que embargaba mi alma. Instantáneamente supe de quien eran esos pequeños brazos que me estrechaban de alegría… bajé la mirada y volvimos a encontrarnos, una lágrima redonda de satisfacción cayó sobre su nariz, aunque la sequé de la mía… me agaché a saludarla (me di cuenta que estaba más alta de lo que la recordaba), nos abrazamos y susurró a mi oído unas hermosas palabras, nos sonreímos mientras volvíamos nuestras miradas a la vela que flameaba, expectante de nuestros deseos… Alcé la vista a la foto que inmortalizó un bridis a los pies del Cerro del Amor… y juntas extinguimos ése año que habíamos cumplido, abriendo un nuevo almanaque, esperando que poco a poco se abran paso nuestros sueños… Sentí la mano de ella guiándome a las otras manos, adultas y masculinas, que buscaba y también me buscaban y volví a abrazarlo… Sentí que ella volvía a escurrirse entre los pliegues del mantel, seguramente hasta que corte la torta… para luego volver a acomodarse en nuestra manchita.



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