Del barrio de Boedo uno suele escuchar siempre las mismas historias: las que hablan de la esquina famosa de San Juan y Boedo con sus amores y desamores tangueros, del club San Lorenzo, de las murgas y sobre el bar donde se juntaba, hace años, uno de los grupos escritores más vanguardistas que tuvo la Argentina.
Pero también por sus calles aún se escucha el eco de historias más negras, por ejemplo, sobre el petizo orejudo,aquel asesino serial sanguinario y despiadado que dió fin a varias jóvenes vidas en los baldíos que hoy nada de él recuerdan.
Aunque, no es de éste verdugo del que quiero hablarles; sino de una de las historias que aún parece tener varias preguntas sin respuestas…
Cuentan algunos vecinos que por mediados de la década de los 80’s, con la democracia nuevamente en las calles, volvió al barrio una familia que se apellidaba Santana. Eran un matrimonio que rondaba los 40 años (nadie recuerda el nombre de pila de él, pero algunos afirman que ella se llamaba Susana). Habían sido novios en el colegio secundario y durante el Proceso decidieron casarse y exiliar a Brasil. Cuando regresaron luego de un largo destierro, volvieron con Marcel y Vera, dos hermosos niños de 7 y 5 años que deberían acostumbrarse a un nuevo país y a un nuevo idioma.
Algunos dicen que era el idioma lo que hacía que los pequeños se vieran retraídos y algo temerosos, especialmente Marcel. Causa tal vez, de que no pudieran prevenir a sus vecinos de la locura que, aparentemente, comenzó a sufrir el padre que lo llevó a terminar con la vida de su familia para luego suicidarse.
Pero otros cuentan otra historia, afirman con mucha seguridad, que esas sólo fueron las palabras utilizadas por la prensa y la policía para sepultar las incógnitas que la casa de los Santana les dejó. Cuentan estos vecinos, que la familia se había mudado a uno de los antiguos PH que tanto abundan en el barrio. Tras la alta puerta de madera que se veía en la calle, se abría un pasillo de aproximadamente 30 metros, en donde se acomodaban los 6 departamentos tipo casa, entre los cuales vivían esta familia.
Dicen que habían comprado la casa, aunque extrañamente nadie supo decir quien había sido el antiguo dueño. Algunos hablaban de gente que había desaparecido en mano de los criminales que habían estado “gobernando” . Pero otros sostenían que la casa había estado vacía desde mucho antes, que sólo Doña Rosa, una anciana que aún atendía un pequeño almacén que había heredado del padre, había conocido en su niñez a una niña que vivió allí, y que por motivos que nadie supo, de pronto se había esfumado junto a su familia. Era realmente una historia extraña la del departamento 3… Nadie podía dar datos a ciencia cierta y todo se lo que se sabía era por referencias de lo que otros lo habían visto o escuchado.
Sostenían que cuando la familia Santana se mudó, se encontraron con una gran cantidad de muebles viejos, abandonados, roídos por los años y alguna rata pasajera. Cuentan además que luego de la gran limpieza de los recién llegados, Vera encontró una muñeca de porcelana que escondía entre sus vestimentas una fotografía de la que parecía su antigua dueña posando con ella en brazos. Susana se sorprendió por ese hallazgo ya que había limpiado, vaciado y reacomodado todos los muebles y jamás había visto a la muñeca. Además, se encontraba impecable, en perfecto estado y conservación, totalmente contrastante con el resto de la casa. Mucho no le había gustado esa muñeca en los brazos de su hija, pero Vera parecía encantada con el descubrimiento. Así que no dijo nada y festejó el hallazgo junto a su hija.
Esto es lo que le habría contado a sus vecinas. Aparentemente Susana quería averiguar por los antiguos dueños, ya que había sentido algo raro cuando su hija le presentó a “Aileen”, nombre que la pequeña nunca había oído y afirmaba que así, se le había presentando la muñeca cuando se acercó a saludarla.
Con el correr de los días todo parecía normal, Vera pasaba sus tardes jugando con su muñeca, la peinaba, “tomaban el té”, le cambiaba los vestidos y parecían pasar horas conversando. Marcel comenzaba a adaptarse a los nuevos de compañeros del colegio, aunque aún hacía berrinches con su hermana y parecía que todo lo contrariaba. Las vecinas le decían que era “normal, ya que el niño estaba pasando por grandes cambios” y pronto Susana conseguiría trabajo en una imprenta de la zona. El que parecía no encontrar su rumbo era su marido quien seguía en la búsqueda de trabajo pero sin conseguirlo.
A los pocos meses de esta aparente normalidad, una madrugada Marcel apareció llorando en el umbral de la casa. Estaba totalmente angustiado, lloraba y tenía un aspecto aterrador: había recibido una golpiza terrible. Cuando el patrullero que rondaba la zona encontró al niño en ése estado, enseguida ubicaron a los padres y todos a la comisaría. Poco creían las autoridades de que el niño había sido atacado por la muñeca de la hermana, luego de que, unas horas antes, él intentara quitársela, sólo por pelearla y que en ése tironeo Vera se había caído de bruces al piso y la muñeca también había quedado golpeada y toda desaliñada. Él pequeño afirmaba que la muñeca lo había despertado a los golpes y lo había arrastrado hacia la calle, sin que él pudiera ni siquiera gritar, aunque lo intentara. Todas las autoridades miraban al padre, sólo él podría haber golpeado tan brutalmente al niño, además, parecía encajar con el perfil del hombre abusivo que se sentía menos porque era su mujer la que trabajaba haciéndose cargo de la casa y él, sintiéndose poco hombre se habría desquitado con el pequeño. Tal vez lo veían así, porque los trastornaba el estado del niño y lo que acusaba. Esa noche tuvieron que dejarlos ir, aunque los policías, insistieron en que esperaban que no volviera a suceder algo así, ya que en ése caso no habría miramientos y que estarían observándolos.
Si bien los padres estaban un poco más tranquilos porque estaban todos nuevamente en el hogar, habían quedado muy extrañados por la situación, no entendían qué le podría haber pasado a Marcel y lo que agregó Vera, los intranquilizó aún más. La pequeña contó que mientras peinaba a Aileen y le acomodaba la falda del vestidito, le había estado contando de las peleas con su hermano, quien siempre quería sacarle todas las cosas que ella usaba y un montón de cosas, que una niña veía como abusos de su hermano mayor y que Aileen podía confirmar por cómo las había tratado horas antes. Era por eso, siguió Vera, que la pequeña de porcelana le había respondido que se quedara tranquila, que ella la defendería y la cuidaría.
Ante semejantes palabras, ambos no hicieron más esconder a la muñeca en una caja de madera cerrada bajo llave y escondida en la habitación paterna. Largas noches de llanto de la pequeña se escuchaban por los pasillos pidiendo su muñeca, largas noches en los que Marcel seguía teniendo pesadillas y le costaba dormir… Sentía que la Aileen volvía a subirse a la cama sigilosamente para saltar sobre él y atacarlo nuevamente. Varias veces intentó dormir en la cama con sus padres, pero esto era aún peor, allí clavaba su vista en el armario como en estado de trance y los padres veían como frías lágrimas silenciosas caían sobre sus mejillas. Sólo lograba salir de ése estado cuando la madre lo arrancaba de la cama y lo dormía sobre su regazo en uno de los sillones del living. Esta situación hacía que todos parecieran espectros de sí mismos, nadie dormía, nadie comía…
La tarde en que Susana intentó quemar la muñeca en el horno, metiendo la caja entera en el cubículo abrasador, terminó metiéndose ella misma, generándose graves quemaduras en su rostro, hombros y brazos. En el hospital, nuevamente las miradas recayeron sobre el padre, quien debido a tantas horas de insomnio parecía ido y paranoico al mismo tiempo. Además, decía que él mismo había empezado a sentir como si arañaran la caja en donde estaba esa maldita muñeca. Que él le había dicho a Susana de quemarla, con caja y todo, pero que jamás habría intentado dañar a su mujer, que él no la habría podido dañar…
Mientras tanto, los médicos lo miraban con ojos enrojecidos por el desprecio acusador y le daban calmantes y sedantes… No podía ser otra cosa, él tenía que ser quien abusara de su familia, el tema es que la mujer tampoco lo acusaba, sino que decía que ella misma se había metido y mantenido en ése infierno, consiente de lo que estaba haciendo pero sin voluntad de moverse, como si alguien o algo la empujara y ella no pudiera luchar contra ello.
Pocas semanas habían pasado de aquella noche en que los despertó la policía con el niño en brazos y las quemaduras de Susana. En pocos días todo parecía caerse en torno a un misterio que para las autoridades no era otra cosa más que violencia doméstica que nadie se animaba a denunciar. Ya que cuando la policía volvió al domicilio, para abrir la caja en donde Aileen se encontraba encerrada, se encontraron con que esta lucía perfecta, impoluta y no había rastros de los supuestos rasguños…
Los vecinos de la cuadra iban extendiendo las versiones, sobre lo que escuchaban los vecinos contiguos a la familia Santana, más lo que se iba agregando por sí solo... y al mismo tiempo la familia se aislaba cada vez más…
Una noche los vecinos fueron testigos de los más extraños ruidos en el departamento: sillas que parecían arrastrarse y quebrarse, pesados muebles que retumbaban contra las paredes, vidrios que se rompían, movimientos rápidos, pasos pesados y pasos que parecían ser el sonido de corridas, extraños retumbes, pero ninguna voz, ningún grito y de pronto… un silencio absoluto, aterrador, sepulcral...
Apenas entrada la mañana, un patrullero y una ambulancia lucían sobre la calle frente a la alta puerta de madera. Varios oficiales y médicos forenes desfilaban por el pasillo… La escena era terrible… muchos policías debieron salir a tomar aire para volver a enterar en ésa vivienda…
Al entrar al living se encontraron con la mujer, quien estaba cercenada contra la pared, su torso se hallaba caído sobre una mesa que se clavaba contra el muro… Todo su cuerpo lucía las más crueles marcas de violencia que habían visto hasta ése momento…
Llegaron a la habitación paterna… allí encontraron el pesado armario caído hacia atrás.. Extrañamente lucía las huellas de pies y manos de Vera, parecía que la pequeña había estado trepando al mueble… Se necesitaron 4 policías para volver a parar el guardarropa. Triste y desgarrador fue encontrar allí a los restos del niño.
Siguieron buscando en la casa y encontraron al padre ahorcado en el baño, no tenía un solo rasguño, sólo las manos enrojecidas y salpicaduras de sangre por todo su cuerpo.
Buscaron a la niña por toda la casa, inútil fue tal tarea. No había rastro de ella. Creyeron encontrarla cuando vieron el abultado acolchado de la cama. Al destaparla, sólo estaba Aileen, sentada sobre la misma, dicen que estaba impecable, que sólo tenía unas pequeñas gotitas de sangre salpicadas en su rostro: unas gotas parecían caer de las comisuras de sus labios y otra parecía ser una lágrima cayendo de sus ojos. Días más tarde, con los resultados de los análisis se confirmó que la sangre pertenecía a Vera. Pero la niña no había sido hallada.
A muchas conclusiones llegan los vecinos y quienes conocen esta historia, muy difrente a la publicada en los diarios de la época ¿Habría sido la muñeca testigo de tal masacre y habría ido a “refugiarse” bajo las frazadas?... ¿O sería que Vera fue testigo y de algún modo misterioso, como dijeron algunas “brujas” del barrio, Aileen la habría tomado, para dejar una cárcel de porcelana y tomar un cuerpo humano que no se había hallado?
Tal vez esta versión tomó más fuerza cuando al levantar la muñeca, la misma policía se sorprendió cuando, de entre el vestido, se cayó una foto extraña y realmente antigua en la que se veía a la muñeca en los brazos de Vera.








6 Insomnes que dejaron sus palabras:
"Rubén Greco Rótolo: Complejo el final... Creo que es una historia para pensarla largo rato.
Me gustó mucho, pero por las dudas. Digo... mientras tanto... mudate!!!"
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"Nueva Generación: Enhorabuena Ale, Gran relato... Esconderé la muñeca de porcelana que tiene mi madre en su habitación... :-)"
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"Emilio Raúl Garea: Me encanto muy bueno..... realmente me encanto a pesar que este tipo de historias no es mi fuerte para leer, pero me atrapo el relato...."
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"Marcia Alberetti: me gusto mucho, muy bien relatada ale!!! atrapante y hasta podria llegar a agradecer la suerte q tengo al tener la mala suerte de nunca encontrarme nada :[. besos aleeessss"
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"Mauro Mammoliti: Muy bueno como siempre Ale!!! Uh ahora me tengo q dormir asi? jeje saludos y siga por ese camino!!"
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"Teresita Permuy: Me encanto!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Ale! Me sorprende el parecido de la niña de la foto contigo...."
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